Soy Marta Candelas Galán, tengo 19 años y vivo en la periferia sur de Madrid, concretamente en el barrio de la Alhóndiga de Getafe. Un barrio obrero, en el que conviven una gran cantidad de realidades culturales y sociales. En mi barrio existe una gran red de tejido asociativo que tienen un gran poder transformador, soy educadora de varias de ellas. La primera se llama Junior, es un espacio creado para las niñas/os y adolescentes, para crear una comunidad de crecimiento, diálogo y crítica, educando en el compromiso, y en la conciencia social y personal con la finalidad de mejorar el barrio y transformar la su entorno más próximo. Y por otro lado, también participo como educadora de La Maraña, una asociación que trabaja en la educación de niños y niñas del barrio y realiza principalmente tareas de educación de calle y se dirige específicamente (aunque no en exclusiva) a la población infantil de origen inmigrante. Por tanto, desarrolla su trabajo en el ámbito del respeto y la interculturalidad. Tiene carácter local y está constituida por jóvenes con una gran ilusión por el trabajo colectivo, integrador y transformador.
Actualmente, soy estudiante de Educación Primaria, en la Universidad Autónoma de Madrid. Y en este cuatrimestre estoy cursando Didáctica de las Ciencias Sociales. Una asignatura fundamental para reflexionar acerca de cómo se enseña actualmente Ciencias Sociales, y cómo debería hacerse realmente para poder provocar estímulos en el proceso de aprendizaje del alumnado.
Entre mis aficiones puedo destacar: hacer proyectos con gente para la gente, dedicar tiempo a mi formación social y política con las personas que viven conmigo esa militancia, estar con mi familia y amigas, ir al teatro, y viajar. Me encanta viajar, pues es una manera de enriquecerme personal y socialmente.
En cuanto a la elección de la carrera, puedo decir que siempre, desde muy pequeña, he querido ser profesora. Pienso que la educación es el motor de cambio y que a través de ella se puede construir un mundo más justo, claro está, que no cualquier educación desemboca este cambio, por eso, es fundamental que la comunidad docente reflexione sobre qué necesita la escuela y qué necesita su alumnado. Con una educación transformadora, y reflexiva, la comunidad educativa será capaz de construir mentes críticas que se cuestionen lo establecido fomentando la participación activa en la sociedad.



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